¿Qué significa realmente un desarrollo sostenible?

La buena noticia cuando hablamos de desarrollo sostenible es que la clase media mundial se está expandiendo y millones de personas están saliendo de la pobreza. La mala noticia es que la desigualdad de la riqueza dentro de los países, tanto en aquellos industrializados como en los que están en vías de desarrollo, está empeorando.

Mientras tanto, millones de personas ya están siendo desplazadas debido a las catástrofes naturales agravadas por los efectos de la crisis climática. A pesar de que se han formado diversas asociaciones público-privadas para abordar estos asuntos, se deben tomar medidas adicionales para reestructurar la financiación para el desarrollo de tal forma que sea más atractiva para más inversionistas.

Excluir a las personas de los beneficios del crecimiento económico puede debilitar la sostenibilidad del crecimiento, y no encargarse de los asuntos medioambientales graves, como las amenazas a la biodiversidad y los recursos naturales, es un tipo de desastre.




Cuando hablamos de desarrollo sostenible hablamos de:

Nueva mentalidad económica

Los sistemas económicos deben actualizarse para poder enfrentar nuevos desafíos.

Si bien existen grandes diferencias de un lugar a otro, no existe ningún país en el mundo que actualmente tenga una esperanza de vida menor que la tasa más alta del año 1800. Durante el siglo pasado, la población mundial que vivía en la pobreza absoluta disminuyó de un 82 % a tan solo un 9 %, mientras la cantidad de democracias en funcionamiento aumentó de 16 a 123. Además, la tasa de alfabetización mundial aumentó de un 32 % a un 85 %. El crecimiento económico ha sido fundamental para estas mejoras.

Sin embargo, vemos signos preocupantes: para muchas personas en el mundo, la vida dejó de mejorar. Según la Comisión Lancet sobre contaminación y salud, una iniciativa promovida por la revista médica The Lancet, la Alianza mundial para la salud y la contaminación (Global Alliance on Health and Pollution) y la Escuela de Medicina Icahn en el Monte Sinaí, la contaminación ambiental ha reducido la producción económica mundial anual en un 6,2 % y causó casi 9 millones de muertes prematuras.

Actualmente, la desigualdad entre los ricos y los pobres está en aumento, y los niveles de deudas soberanas, corporativas y personales están alcanzando nuevos niveles. Entretanto, el panorama geopolítico se ha transformado en un marco de múltiples conceptos, en donde las ideas únicas y tradicionales sobre cómo cuidar más los asuntos mundiales se dividieron en distintos enfoques y en asuntos por tratar que, a menudo, son conflictivos.

El aumento en la frecuencia de las políticas comerciales proteccionistas y una gran disminución de los compromisos con el multilateralismo basado en las normas amenazan con agravar la tensión. Las innovaciones que avivan la cuarta revolución industrial también están planteando preguntas sobre los supuestos de la economía tradicional, en relación con la productividad, el trabajo, la educación y el uso de datos.

Frente a estas tendencias, debemos explorar formas para actualizar nuestros sistemas y modelos económicos, a fin de garantizar que brinden resultados positivos para la humanidad en su totalidad, para el próximo siglo y más.

En busca de la igualdad

Aun cuando la clase media mundial está en aumento, las desigualdades relacionadas con la riqueza dentro de los países han empeorado.

La pobreza mundial absoluta sigue disminuyendo y el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas que se estableció en el 2000, destinado a reducir la pobreza extrema a la mitad para el año 2015, en realidad se logró cinco años antes de lo programado.

Sin embargo, a pesar de que las tasas de pobreza extrema disminuyen y que la brecha de riqueza entre los países industrializados y el resto del mundo se reduce, la división que existe entre la población rica y pobre dentro de los países aumentó. El Informe de desigualdad mundial (inaugural) del año 2018 descubrió que la brecha de desigualdad aumentó significativamente en Rusia, India, China y Norteamérica.

Según el informe, la desigualdad entre las regiones geográficas varía considerablemente; mientras que el 61 % del ingreso nacional lo registra el 10 % más rico de la sociedad en el Oriente Medio, el 10 % más rico registra el 37 % del ingreso nacional en Europa, por ejemplo.

Existen razones materiales y morales convincentes para abordar este problema. Según un documento de investigación del Fondo Monetario Internacional publicado en el 2017, excluir a las personas de los beneficios del crecimiento económico puede debilitar la sostenibilidad de dicho crecimiento. El Informe global de riesgos del Foro Económico Mundial del año 2018 reflejó las conexiones que existen entre el aumento en la desigualdad de ingresos y la profunda inestabilidad social.

Ya que la desigualdad es cada vez más persistente, se puede transformar en una situación políticamente dañina; encontrar formas para frenar y revertir esta tendencia debe ser una prioridad ampliamente compartida si para el año 2030 se quieren lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU adoptados el año 2015, que incluyen la erradicación de la pobreza y lograr que todos puedan acceder a una educación de calidad.

Una conclusión importante del Informe de desigualdad mundial fue que las instituciones y políticas nacionales tienen un papel fundamental a la hora de determinar la distribución de la riqueza; a menudo, la desigualdad es el resultado de las formas en que las políticas nacionales se superponen a las brechas de gobernanza global.

Si bien la fragilidad de la geopolítica, la alteración tecnológica y el cambio climático amenazan con empeorar la desigualdad, debemos abordar las estructuras integradas en muchos de nuestros sistemas políticos, económicos y sociales actuales que están agravando la situación. Para ello, es muy importante comprender el vínculo que existe entre la corrupción, la desigualdad, la evasión de impuestos y los derechos humanos, tanto para las empresas como para los Gobiernos.

Invertir en desarrollo

La financiación para el desarrollo debe volver a configurarse a fin de atraer tanto a inversores públicos como privados.

Se considera que se necesita un estimado de USD 7 billones al año a fin de invertir adecuadamente en infraestructura, energía limpia, agua, sanidad y agricultura para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que se adoptaron en el año 2015 y están diseñados para orientar el desarrollo global hasta el año 2030.

Los Gobiernos por sí solos no serán capaces de controlar esto; necesitarán una cooperación sin precedentes con el sector privado y las organizaciones civiles. Es posible que el sistema de financiación para el desarrollo general se deba volver a evaluar, a fin de garantizar que las instituciones como los bancos de desarrollo puedan conseguir la participación del sector privado.

Los proyectos deben estar adecuadamente estructurados para una inversión de capital en etapa temprana y enfoques como “financiamiento mixto” o se debe desarrollar el uso estratégico de la financiación para el desarrollo y las inversiones filantrópicas para movilizar los flujos de capital privado hacia los mercados fronterizos y emergentes.

Las percepciones están cambiando cada vez más y el financiamiento del desarrollo sostenible es visto cada vez menos como un territorio exclusivo de los Gobiernos u organizaciones de caridad; ahora se reconoce como un componente legítimo y potencialmente rentable de las estrategias de inversión convencionales.

Esto se ha visto favorecido por la creciente conciencia general de que el sistema económico mundial funciona como un círculo cerrado, con lo que se relaciona permanentemente a la sociedad y el medioambiente.

Además, la gran oportunidad de inversión se entiende cada vez más. Un análisis de la Comisión Global sobre Economía y Clima publicado en el 2018 estimó que tomar medidas severas en contra del cambio climático podrían crear un impulso económico de USD 26 billones desde ahora hasta el 2030, además de lo que podría generarse solo por hacer negocios como de costumbre. El desafío será reconfigurar adecuadamente el panorama de la inversión tanto como para el sector público como para el privado, de tal manera que garantice una financiación suficiente.

Innovación responsable

La tecnología está evolucionando rápidamente, lo que está generando un riesgo de respuesta negativa.

La aparición de la cuarta revolución industrial trajo consigo una rápida evolución de la tecnología, con adelantos que se perfeccionan a una velocidad nunca antes vista. Si bien esto trae consigo grandes oportunidades, también genera nuevos riesgos.

Las estructuras sociales se encuentran en un estado de incertidumbre, y estamos enfrentando grandes interrogantes relacionados con los datos, especialmente en términos de propiedad, acceso y uso. Es imprescindible innovar responsablemente para evitar que se generen desigualdades globales relacionadas con la tecnología.

Aunque la desigualdad ha disminuido en los países en vías de desarrollo en donde los sistemas de comunicaciones digitales están contribuyendo a mejorar la inclusión financiera en lugares con infraestructura limitada, en los países de ingresos altos y medianos la desigualdad está empeorando. En estos países, la tecnología destinada a ahorrar en mano de obra comenzó a reemplazar los puestos de trabajos manuales que tenían buena remuneración, y es posible que algunos de los trabajadores que desempeñaron ese tipo de labor ahora estén en empleos relacionados con el comercio minorista u otras funciones, en donde normalmente el salario es inferior.

Debemos estar conscientes del potencial que tiene la tecnología para intensificar la desigualdad, los daños al medioambiente y la tensión social, y también debemos asegurarnos de que la tecnología mejore, en lugar de empeorar, el bienestar medioambiental y del ser humano. En este sentido, el concepto de una gobernanza ágil se ha transformado en algo cada vez más frecuente, como lo enfatizan los encargados de formular políticas y los reguladores que trabajan en conjunto con los desarrolladores privados, las industrias y las organizaciones civiles a fin de ejercer un liderazgo digital más responsable y para que puedan adaptarse con mayor rapidez a las circunstancias cambiantes.

Sin embargo, todavía existe el riesgo de un rechazo público a la tecnología. Más diálogo y cooperación entre las empresas, los reguladores, los inversionistas, los consumidores y los trabajadores serán esenciales para ganar y mantener la confianza pública.

Industrias sostenibles

Cada vez más industrias se están comprometiendo con la eliminación de residuos, y los inversionistas están cada vez más interesados por las empresas ambientalmente responsables.

Las consecuencias de la actividad humana han expuesto al medioambiente a condiciones extremas y también han amenazado con debilitar el desarrollo sostenible y el crecimiento económico del futuro.

Sin embargo, se están llevando a cabo extensas e importantes iniciativas para crear una economía más circular, en donde se reutilicen los materiales y se generen menos residuos. Por ejemplo, la industria de la fabricación de baterías de ion de litio, que se espera que aumente drásticamente a fin de satisfacer la creciente demanda de vehículos eléctricos y almacenamiento de energías renovables, está trabajando para limpiar sus cadenas de suministro, mejorar la seguridad de sus trabajadores y prohibir el trabajo infantil, erradicar la contaminación y promover la reutilización y el reciclaje.

Otras industrias deberían seguir su ejemplo. El rápido crecimiento de la población, la urbanización en aumento y una creciente clase media en el mundo darán lugar a una cantidad de presión potencialmente catastrófica para el medioambiente, a menos que exista una reforma industrial responsable y radical. Las empresas informadas reconocen que el crecimiento confiable y la importancia a largo plazo dependen de la búsqueda de beneficios ambientales y sociales que van mucho más allá de los programas de responsabilidad social corporativa tradicionales.

Por ejemplo, Cisco encabezó la clasificación de Barron del 2018 de las empresas más sostenibles en EE. UU., por reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 41 % desde el 2007; llegó a un punto en donde el 80 % de su electricidad proviene de fuentes renovables e implementó iniciativas como un programa de capacitación diseñado para ubicar a más de 1,3 millones de estudiantes en trabajos de TI.

Para obtener resultados como estos, es fundamental contar con un enfoque estratégico, a fin de ofrecer medios para descubrir su importancia. Dicho enfoque es cada vez más atractivo para las comunidades inversionistas; son cada vez más los inversionistas que se adhieren a las guías de las Naciones Unidas que los comprometen a incorporar parámetros relacionados con el medioambiente, la sociedad y la gobernanza en su selección de cartera.

Sin embargo, generalmente se deben realizar más esfuerzos para crear condiciones que realmente incentiven y les permitan a las industrias crecer de forma sostenible.



Proteger el medioambiente es sinónimo de desarrollo sostenible

Un medioambiente deteriorado promete generar graves riesgos para las economías y sociedades.

Como resultado de una aceleración de la actividad económica humana desde mediados del siglo XX, los científicos dicen que actualmente nuestro planeta está entrando en un período de cambio medioambiental sin precedentes. La biodiversidad, los océanos, los recursos de agua dulce y la calidad del aire están bajo grave amenaza, lo que genera el riesgo de un cambio climático irreversible.

El Informe global de riesgos del Foro Económico Mundial destacó la gran conexión que existe entre la administración ineficiente de los riesgos medioambientales comunes del mundo y los riesgos económicos, además de otros. El deterioro del medioambiente no solo plantea riesgos con los que se deberá lidiar en el futuro, puesto que ya está afectando a la salud y el bienestar de los seres humanos, y creando reacciones económicas negativas.

Por ejemplo, la cantidad de precipitaciones inusuales, una mayor probabilidad de tormentas extremas, el aumento en el nivel del mar, las inundaciones costeras y las olas de calor que ocurren en la actualidad están afectando directamente la seguridad, el bienestar económico y la salud. En el 2017, el mundo experimentó 710 “desastres naturales” o catástrofes geofísicas, meteorológicas, hidrológicas y climatológicas; casi el triple de los que ocurrieron en 1980.

Estos eventos causaron casi USD 330 000 millones en daños, de los cuales menos de la mitad contaban con seguros. También desplazaron a más de 23 millones de personas de sus hogares. Alrededor del 91 % de la población mundial vive en lugares que no cumplen con las guías sobre la calidad del aire de la Organización Mundial de la Salud, y la Comisión Lancet (una iniciativa impulsada por la revista médica The Lancet, la Alianza mundial para la salud y la contaminación Global Alliance on Health and Pollution y la Escuela de Medicina Icahn en el Monte Sinaí) descubrió que aproximadamente 7 millones de personas mueren anualmente por exposición a la contaminación del aire, equivalente a aproximadamente una de cada ocho muertes en el mundo cada año.

Además, la escasez del agua ya es una realidad para 1900 millones de personas en todo el mundo, lo que perjudica la salud del ser humano, la producción de alimentos y la generación de energía.

Para enfrentar estos desafíos, necesitamos rediseñar los sistemas y modelos de negocio para administrar y reflejar mejor el vínculo que existe entre nuestros ambientes, sociedades y economías.

Movilización para lograr repercusiones

A fin de cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, se debe tener una mayor conciencia y reflexiones a largo plazo.

El surgimiento de un ciclo de noticias de 24 horas, el predominio de las redes sociales, los ciclos políticos abreviados, un abrumador enfoque en los informes financieros corporativos trimestrales y la creciente naturaleza pasajera del empleo solo han contribuido a aumentar nuestra tendencia a confiar en el pensamiento a corto plazo.

Esto ha generado desafíos reales cuando se trata de ayudar a las personas a conectarse personalmente con los objetivos a largo plazo consagrados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que se adoptaron en el año 2015 a fin de ayudar a orientar el desarrollo global hasta el 2030.

El problema de los plásticos en los océanos refleja el poder de generar una mayor conciencia pública de los objetivos y también motiva a los líderes a tomar medidas para lograrlos. Después de que el Foro Económico Mundial y la Fundación Ellen Macarthur publicaran un análisis en el año 2016 que indicaba que probablemente existiría más plástico que peces (en peso) en los océanos para el año 2050, medios de comunicación, productores de documentales y organizaciones civiles pusieron en marcha diversas iniciativas para generar conciencia pública sobre el problema.

Acciones concretas que impulsen un desarrollo sostenible

En medio de este proceso de concienciación, los líderes pudieron hacer cosas que probablemente antes hubiesen sido políticamente o financieramente poco populares. Más de 60 países ya han prohibido o implementado tarifas adicionales por los plásticos no reutilizables y las empresas están trabajando para crear soluciones más sistémicas.

A fin de generar iniciativas eficientes al ritmo adecuado para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (que incluye objetivos idealistas como la erradicación de la pobreza, además de prevenir la contaminación del océano), se deben transformar en prioridades estratégicas para las empresas y los Gobiernos una vez que se haya generado conciencia sobre los asuntos urgentes.

Las divulgaciones financieras relacionadas con el clima demostraron la importancia de juntar a distintas partes interesadas para generar acuerdos; ha convocado a expertos financieros, cuerpos reguladores, aseguradoras y científicos del clima para desarrollar recomendaciones que garanticen que los gobernantes, las empresas y los inversionistas comprenderán mejor el riesgo financiero que trae consigo la crisis climática.

Fuentes: Inteligencia estratégica en https://intelligence.weforum.org

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